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JUDAISMO
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BREVE INTRODUCCIÓN A LAS RELACIONES DEL MUNDO BIBLICO CON OTRAS CULTURAS DEL LLAMADO CRECIENTE FERTIL U ORIENTE MEDIO, HASTA EL SIGLO I después de CRISTO.
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¿ Cual es el origen en el tiempo de Israel. ¿Cuándo comenzó a existir este pueblo con una identidad propia?. Los factores determinantes y decisivos de su constitución nos pueden remontar a épocas diferentes. Hay quienes se remiten hasta los tiempos de los patriarcas Abrahán, Isaac y Jacob, hacia los siglos XIX-XX a. C., y hay quienes consideran como hechos originarios fundamentales de Israel la liberación de la esclavitud de Egipto y el asentamiento de las tribus en Canaán, a finales del siglo XIII a. C. Hay quienes plantean el origen después del largo proceso de formación de las tribus durante el período del Hierro I, y hay quienes creen que sólo se puede hablar de Israel a partir de la monarquía en el siglo X a. C.
¿Dónde nació Israel? ¿En el norte arameo o en el sur madianita, como una población nómada inmigrada posteriormente a Canaán o como un grupo de hapiru liberados de Egipto y asentados en Canaán, o surgió más bien como una población agrícola autóctona en la región Canaán que más tarde sería el territorio de los reinos de Israel y Judá? Para entender corectamente nuestra religión cristiana, tenemos que entender la judia y para entender esta es muy importante, diría absolutamente necesario conocer la geografía cultural del Antiguo Oriente en la que nació Israel. Era normal el cruce incesante de poblaciones y de culturas que se daban cita en esta zona de tránsito obligado que constituye el Sur de Canaán, que vino a ser la "tierra de Israel" (éretz Yisrael) o Palestina.
La cultura del Medio Oriente antiguo tenía una extensión de miles de años cuando el pueblo de Israel nació en la historia. De esa cultura recibió Israel muchos elementos "sapienciales" que hizo propios y supo adaptar a sus particulares características. Pero Israel también originó en su seno su propia cultura. Materiales extranjeros acogidos y adaptados, materiales propios: con todos ellos se formó lo que conocemos como "sabiduría israelita", que encontramos ahora reflejada en los libros sapienciales de la Biblia.
La Biblia es el mundo de la palabra escrita que recoge la huella del Dios que se revela a los hombres. Pero esa palabra corresponde a diversos momentos de la vida y de la historia de un pueblo, el de Israel, en su relación con otros pueblos, consigo mismo y con Dios.
"Mi padre era un arameo errante..." ,leemos en Dt 26,5) Así empieza el relato de la fe israelita que describe el itinerario de Abraham desde la ciudad de Ur en la baja Mesopotamia hasta Egipto. La figura del patriarca Abraham, prototipo de creyente en las religiones monoteístas judía, cristiana y musulmana, recorre en la Biblia las tierras del Creciente Fértil, respondiendo a la llamada de Dios. Abraham, desde la fe , recorre el camino geográfico desde Ur hasta Canaán, tomando posesión de la tierra prometida por Dios.
En el recorrido histórico del Pueblo hebreo, el desierto es un lugar privilegiado para el encuentro con Dios. Es lugar de precariedad y de necesidad por excelencia. Es lugar de prueba y de tentación. Es lugar de intimidad y de esperanza. En la experiencia del éxodo y del Sinaí, a través del desierto, se constituyó Israel como pueblo en una relación íntima de Alianza con su Dios. El desierto se convierte en paradigma de la experiencia auténtica de fe. Tambien en el los israelitas tiene que dejar falso dioses, propios de las regiones que atravesaban (Hª del becerro de oro).
A lo largo de los siglos que duró la monarquía en Israel (s. XI - VI a. C.), la sociedad israelita evolucionó, adaptándose a la geografía, la cultura, la religión de Canaán. Este proceso de asimilación y acomodación no fue siempre homogéneo, sino que experimentó altibajos, momentos de represión y momentos de tolerancia hacia la cultura cananea autóctona. De esta lucha emergió siglos después un Israel maduro, yahvista, vencedor, aunque portador de elementos cananeos relativos a todos los ámbitos de la vida.
El destierro en Babilonia y la vuelta a la tierra de Judá provocan la gran crisis de identidad del pueblo de Israel. Sometidos a Babilonia, los israelitas, tras perder su tierra y su autonomía, correrán el riesgo de perder su identidad como pueblo creyente en Yahvé. La desaparición de las instituciones de Israel, el peligro de asimilarse a los pueblos dominantes y la tentación de la apostasía hacen del exilio una época de gran crisis social, política y religiosa para Israel. Pero en esta encrucijada, paradójicamente, surge una nueva esperanza. El tiempo de destrucción se convierte en tiempo de fecundidad y de creación. En esta etapa convergen tres tradiciones, la deuteronomista, la sacerdotal y la profética, posibilitando, con la restauración de Esdras, la recuperación de la identidad del pueblo que tiene su centro vital de fe en la Palabra de Dios.
El exilio de Babilonia en el s. VI a. C. hasta la Babilonia del s. VIII d. C., es considerado por los historiadores el período fundacional del Judaísmo, ya que comprende los dos grandes acontecimientos de la tradición judía: la edición de la Biblia o Torah escrita y la edición de la gran obra de la Torah oral: la Misnah y el Talmud. Los sabios de Israel en el exilio y la diáspora, pasan por diversas etapas de dificultades, tragedias y persecuciones, en las que tienen que dar un gran protagonismo a la Ley escrita y oral para no caer en las practicas y costumbres religiosas del Pueblo conquistador. La Ley ha dado al pueblo judío la identidad más profunda y la fuerza más inquebrantable, que le han permitido afrontar resistir y superar siglos y siglos de amenazas, expulsiones y decretos de exterminio.
La cultura y religión griega, ya conocida, tiene una vinculación mucho mayor con la llegada de Alejandro Magno a Asia no fue una conquista como las que se habían producido con anterioridad. El dominio militar heleno llevaba consigo la difusión de la mentalidad, la cultura y el pensamiento griego. El contacto entre el mundo oriental y el mundo griego tuvo consecuencias transcendentales en toda la zona, por los grandes cambios y evoluciones que tuvieron lugar. El pensamiento judío incorporó conceptos griegos en su manera de concebir el judaísmo, especialmente a través de los judíos de la diáspora. Sin embargo, la difusión del helenismo fue, en ocasiones, violenta y agresiva e incompatible con la práctica de la religión judía. Ante esta situación, el judaísmo se vio en la necesidad de buscar formas adecuadas para autoafirmarse y defenderse de esta invasión cultural y religiosa que atentaba contra su identidad. El judaísmo se movió entre la asimilación y el rechazo al mundo griego.
Durante la dominación romana de Palestina, Roma choca con un elemento singular de oposición por parte de los judíos: la defensa de su propia fe yahvista. Los motivos de este choque son el objeto de estudio de este artículo. En las diversas coyunturas del imperio romano se hicieron patentes diferentes aspectos de la fe de Israel. El precepto sabático y las prescripciones dietéticas de esta religión lícita en el imperio deja exenta del servicio militar a la población judía. Herodes el Grande, aun cuando es respetuoso con la ley y con las costumbres judías, prescinde de la influencia política del sumo sacerdote. Durante mucho tiempo se mantiene la licitud de la religión judía en el imperio, pero los valores culturales de las dos mentalidades chocan entre sí. Con todo y exceptuando situaciones extremas de dominio, hubo judíos que llegaron a aceptar valores de la cultura romana, provocando un enfrentamiento interno con los fariseos. Tras la guerra judía y la desaparición del Templo, los rabinos se constituyen en los guías principales de la reconstrucción del judaísmo, determinado en adelante por la impronta farisea.
Precisioens sobre algunos términos que hacen referencia al JUDAISMO: Israelí, judío, hebreo e israelita.
En ocasiones tiende a utilizarse como sinónimos los términos israelí e israelita. Al hacerse esto se comete un error. El primero de estos hace referencia al moderno Estado de Israel. Por el contrario, el segundo de ellos, en su sentido geográfico, es aquel o aquello vinculado al antiguo reino del mismo nombre nombrado en la Biblia. De esta forma, a modo de ejemplo, israelita era el Rey David e israelí lo es el Primer Ministro Barak.
Pero, este último término tiene una segunda acepción, del modo que es sinónimo de judío. Este es el sentido en el que se utiliza en el nombre oficial de las comunidades judías organizadas en España (así, existen la Comunidad Israelita de Madrid, la Comunidad Israelita de Barcelona, etc., todas ellas agrupadas en la Federación de Comunidades Israelitas de España).
Aunque en este sentido los términos judío e israelita son sinónimos en Español, no ocurre lo mismo en todos los idiomas. Como señala Martine Berthelot, en francés el término israelita hace referencia al judío laico asimilado que ve el judaísmo tan sólo como una confesión religiosa que se debe restringir al ámbito de lo doméstico. Según esta autora, este sentido aparece durante la Ilustración en Francia, y es utilizado por aquellos hebreos que querían desvincularse de la vida comunal judía para integrarse en la sociedad en la que vivían.
En cuanto a hebreo, esta palabra definía a los primeros seguidores de la fe de Abraham y Moisés. Pero, cuando se utiliza en un contexto moderno su significado (además de ser el nombre de un idioma) es el mismo que el de judío, de hecho, en Ceuta y Melilla la palabra utilizada de forma habitual por la población es hebreo, en lugar de judío.
Por tanto, en referencia a la realidad contemporánea, los tres términos (judío, israelita y hebreo) se pueden utilizar sin ningún problema como sinónimos.
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