EL ECUMENISMO
La oración por la unidad de los cristianos
constituye una obligación para todos los creyentes en Cristo de orar para
que todos sean uno (Jn 17, 21). Además, la oración por la unidad
es consecuencia de la actual división de los cristianos, "que
contradice clara y abiertamente la voluntad de Cristo, es un escándalo
para el mundo y perjudica a la causa santísima de predicar el Evangelio a
toda criatura" (Unitatis
Redintegratio 1). Es, por último, una necesidad, porque la
Iglesia entera se tiene que manifestar una y unida, en comunión.
La Iglesia ha de considerar la oración por la unidad como algo esencial
en su testimonio, antes de llevar a cabo la tarea evangelizadora. La
oración tiene una importancia capital para el ecumenismo. Por eso, se
celebra del 18 al 25 de enero el octavario de oración por la
unidad de los cristianos.
"MS Mincho";mso-ansi-language:ES;mso-fareast-language:ES;mso-bidi-language:
AR-SA">Un año más, está depositada la esperanza
de llegar a la reconciliación entre los creyentes en Cristo, a pesar de
los muchos obstáculos históricos, teológicos, culturales y
psicológicos. Para ello la Iglesia católica y el resto de las
confesiones cristianas oran al Señor.
La Semana de oración por la unidad de los cristianos se viene celebrando
regularmente, con textos elaborados por la Comisión
"Fe y Constitución" del Consejo
Ecuménico de las Iglesias y por el Pontificio
Consejo para la Unidad de los Cristianos, desde 1968, a raíz del
impulso que el Concilio
Vaticano II dio a esta cuestión.
Durante todo el OCTAVARIO se rezará
con esta intención. Documentos sobre ECUMENISMO, puedes encontrarlos en la web ecumènica de la Archidiócesis de Valencia: 1.-
Textos-base 2.-
EL CONCILIO VATICANO II 2.-
Católicos Ortodoxos 3.-
Católicos-Anglicanos 4.-
Católicos-Luteranos. 5.-
Otras confesiones cristianas 6.-
Teólogos de varias confesiones 7.-
Otros documentos y textos Carta
Ecuménica Europea (inglés) Superación
de las divisiones en Europa (inglés) Si buscas más sobre este tema...
Dios sólo puede amar Carta de Taizé 2003 Entre las jóvenes generaciones a través del mundo, son muchos los que se interrogan y cuestionan: ¿existe una esperanza para nuestro futuro? ¿Cómo pasar de las inquietudes a la confianza? Nuestras sociedades son a veces tan sacudidas desde sus cimientos. Hay un porvenir incierto para la humanidad, con la pobreza en continuo crecimiento. Ahí está el sufrimiento de muchos niños, y tantas rupturas que hieren los corazones. Para avanzar, es bueno saberlo: el Evangelio lleva en sí mismo una esperanza tan bella que podemos encontrar ahí una alegría del alma. Esta esperanza es como una brecha de luz que se abre en nuestras profundidades. Sin ella, el gusto por vivir podría apagarse. 1.- y nos busca incansablemente. La esperanza se renueva cuando con toda humildad nos confiamos a Dios. 2.-Existe una fuerza interior que nos habita y está ahí para todos. Esta fuerza se llama Espíritu Santo. Susurra en nuestros corazones: «Abandónate a Dios con total sencillez, tu poca fe ya es suficiente.» 3.-¿Y quién es este Espíritu Santo? Es aquel que prometió Jesús el Cristo en el Evangelio: «No os dejaré nunca solos, por el Espíritu Santo estaré siempre con vosotros, Él os sostendrá y consolará siempre.» 4.-Incluso cuando pensamos estar solos, el Espíritu Santo está ahí. Su presencia es invisible, sin embargo, no nos deja jamás. 5.-Y poco a poco comprendemos que, en una vida humana, lo más esencial es amar en la confianza. Cuando sobrevienen períodos de duda, recordemos que las dudas y la confianza, como sombras y luz, pueden coexistir en nuestras vidas. 6.-Ante todo, quisiéramos retener las pacificadoras palabras de Cristo: «No tengáis miedo, que vuestro corazón no se inquiete.» 7.-Entonces, aparece que la fe no es el resultado de un esfuerzo, sino un don de Dios: es Dios quien día tras día, nos concede avanzar desde nuestras dudas hacia la confianza en Él. Dios solo puede amar y su compasión es una fuente. Viene el día en que podremos decir: «Dios de misericordia, incluso si tuviéramos fe como para transportar montañas, sin tu amor, ¿qué seríamos?8 Sí, tu amor por cada uno de nosotros permanece para siempre.» 8.- Uno de los rostros más claros del amor de Dios es el perdón. Cuando también nosotros nos perdonamos, nuestra vida cambia poco a poco. Al encontrar en el perdón una alegría que no pesa, vemos disiparse las severidades hacia los demás, y es esencial que éstas dejen lugar a una infinita bondad. Ya antes de Cristo, un creyente expresaba esta llamada: «Deja tu tristeza, deja que Dios te conduzca hacia una alegría.» 9.-Esta alegría cura la herida secreta del alma. Se encuentra en la transparencia de un amor apacible. Necesita todo nuestro ser para abrirse. 10.-Son muchos hoy los que aspiran a vivir un tiempo de confianza y esperanza. 11.-Puede haber en el ser humano pulsiones de violencia. Mas para que se alce una confianza sobre la tierra, lo que importa es comenzar en uno mismo: caminar con un corazón reconciliado, vivir en paz con los que nos rodean. Manteniéndonos en la presencia de Dios en una espera serena, ¿abriremos sendas de pacificación allí donde surgen las oposiciones? 12.-Cuando los jóvenes toman en sus propias vidas una resolución por la paz, llevan una luminosa esperanza que irradia más y más lejos. En este periodo de la historia, el Evangelio nos invita a amar y a decirlo con nuestra existencia. Ante todo, es nuestra vida la que hace creíble la fe a nuestro alrededor. Esto es verdad también en el misterio de comunión que es el Cuerpo de Cristo, su Iglesia. Una credibilidad a menudo perdida puede renacer, cuando la Iglesia vive la confianza, el perdón, la compasión, y acoge desde la alegría y la sencillez. Entonces llega a transmitir una esperanza viva. 13.- Cuando nuestra oración personal parece pobre y nuestras palabras torpes, no nos detendremos en el camino. 14.-¿No es uno de los deseos más profundos de nuestra alma realizar una comunión con Dios? Tres siglos después de Cristo, un creyente africano de nombre Agustín escribía: «Un deseo que llama a Dios es ya una oración. Si quieres orar sin cesar, no ceses nunca de desear…» 15.-Una gran sencillez de corazón sostiene una oración contemplativa. La sencillez es fuente de una alegría. 16.-Permite abandonarse en Dios, dejarse llevar hacia Él. En una vida de comunión así, Dios, que permanece invisible, no se comunica con nosotros por fuerza con palabras humanas. Nos habla especialmente a través de silenciosas intuiciones. 17.-El silencio, en la oración, parece nada. No obstante, en este silencio, el Espíritu Santo puede concedernos acoger la alegría de Dios, hasta tocar el fondo del alma. A través de una sencilla oración, muchos comprenden un día que Dios les dirige una llamada. ¿Qué llamada? Dios espera que nos preparemos para llegar a ser portadores de alegría y paz. 18.-Le escucharemos cuando resuenen en nosotros sus palabras: «No te detengas, sigue avanzando, ¡que tu alma viva!» él mismo. Apoyándonos los unos en los otros, 19.-no dejándonos detener por los obstáculos, y sabiendo encontrar el coraje para seguir adelante, nos damos cuenta de que hay una alegría del corazón, e incluso una felicidad, para quien responde a la llamada de Dios. Sí, Dios nos quiere felices. 20.-Y surge lo inesperado. Las largas noches apenas iluminadas son franqueadas. Incluso el continuar a veces por caminos de oscuridad, lejos de debilitarnos, nos puede construir interiormente. Lo que más nos dice, es ir de descubrimiento en descubrimiento. Acoger el día que llega como un hoy de Dios. Buscar en todo la paz del corazón. Y la vida llega a ser bella... Sí, la vida será hermosa. ____________________________ 1. «Dios sólo puede amar» : esta certeza ha sido expresada por un pensador cristiano del siglo VII, San Isaac de Nínive. Llegó a esta conclusión después de haber estudiado largamente el Evangelio según San Juan y meditado las palabras "Dios es amor" (1Jn 4,8). Más que nunca, hoy importa recordar: el sufrimiento no viene nunca de Dios. Dios no es el autor del mal, Dios no quiere ni la angustia humana ni los desórdenes de la naturaleza, ni la violencia de los accidentes, ni las guerras. Comparte el dolor de quien atraviesa la prueba y nos concede consolar a quien conoce el sufrimiento. 2. En todo momento cada uno puede hacer suya esta sencilla oración, decirla y volverla a repetir en su corazón: «Mi alma reposa en paz sólo en Dios» (Salmo 62,2). 3. Un siglo después de Cristo, un creyente de nombre Ireneo, de Lyon, tiene la clara certeza de una comunión en Dios. Nos dejó estas líneas: «El esplendor de Dios es el hombre vivo. La vida del hombre es la contemplación de Dios.» 4. Ver Juan 14,16-20. 5. Incluso si hay momentos en los que la presencia del Espíritu Santo se hace menos sensible, siempre encontramos en Él el apoyo y el consuelo con los que Dios viene a inundar nuestras vidas. ¿Nos olvidaremos de la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas? Al descansar en Él, le encontramos allá donde estemos, en nuestra casa, en el trabajo, en una vida llena de actividades … 6. Encontramos esto en el Evangelio. Un hombre dice a Cristo: «Creo», pero añade a continuación: «ven en ayuda de mi incredulidad» (Marcos 9,24). 7. Juan 14,1. 8. Ver 1 Corintios 13,2. 9. Ver Baruc 5,1-9. 10. La alegría, que puede mantenerse liviana, es uno de los frutos del Espíritu Santo en nosotros (ver Gálatas 5,22). La alegría nos maravilla. Ella nos hace descubrir despertares poéticos en cada estación, tanto en los días de plena luz como en las noches heladas del invierno. 11. En la Biblia, la esperanza no es una creación de la imaginación, está enraizada en la presencia de Dios que nunca está ausente: «Tengo para vosotros, dice el Señor, planes de paz y no de desgracia, para daros un futuro y una esperanza » (Jeremías 29,11). Esta esperanza es una certeza: «Hay futuro, y tu esperanza no será cercenada» (Proverbios 23,18). El Nuevo Testamento va más lejos, al comprender la esperanza como una realidad ya en marcha : «La esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestro corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Romanos 5,5). 12. Durante siglos, los cristianos han conocido numerosas separaciones. ¿Nos comprometeremos hoy, sin tardanza, a hacer todo lo posible para vivir en comunión unos con otros? La llamada a la reconciliación entre los cristianos separados ha suscitado durante años diálogos y conversaciones positivas. Pero no podemos posponer la reconciliación hasta el fin de los tiempos. Más que nunca, existe la urgencia de entrar en el camino abierto por Cristo en el Evangelio: «Ve antes a reconciliarte» (Mateo 5,24) «¡Ve antes !», dice, y no : «¡Déjalo para más tarde!» Existen hoy hombres, mujeres, jóvenes, profundamente conscientes de la urgencia de una reconciliación vivida sin retraso. En marzo del 2002, el papa Juan Pablo II llamaba a «el ecumenismo de la santidad que nos conducirá al fin hacia la plena comunión». Después, en octubre del 2002, el papa y el patriarca ortodoxo Theoctisto, de Rumania, escribían una declaración común que subrayaba «nuestro compromiso a orar y trabajar para alcanzar la plena unidad visible de todos los discípulos de Cristo. Nuestra meta y nuestro ardiente deseo es la plena comunión que no es absorción, sino comunión en la verdad y el amor.» 13. Hace cuarenta años, el hombre que quizás más profundamente ha marcado nuestra comunidad de Taizé, el papa Juan XXIII, supo encontrar expresiones que nos estimulan a no detenernos, sino a avanzar; entre otras, estas palabras: «La Iglesia prefiere recurrir al remedio de la misericordia que blandir las armas de la severidad.» 14. Si para algunos la oración en soledad es ardua, la belleza de una oración cantada, incluso entre dos o tres, sostiene incomparablemente la vida interior. A través de palabras sencillas, cantos largamente repetidos, puede irradiar un gozo. En Taizé y en los encuentros en los diversos continentes, descubrimos que una oración común, cantada juntos, permite que ascienda el deseo de Dios y entrar en una oración contemplativa. 15. De San Agustín son también estas palabras: «Si deseas conocer a Dios, ya tienes fe.» 16. Con mis hermanos, buscar la simplicidad, la del corazón y la de la vida, está más que nunca en el centro de nuestra vocación, y esto, lo vivimos en Taizé o en pequeñas fraternidades de algunos hermanos entre los más pobres en los otros continentes. Cuanto más avanzamos, más nos acordamos de que somos unos pobres del Evangelio. Entonces nos decimos: «¡Seamos hombres de escucha, no maestros espirituales!» 17. A propósito de la oración, San Agustín escribe: «Orar mucho, no es, como algunos piensan, rezar con muchas palabras… Evitemos en la oración las muchas palabras, y oremos mucho en el silencio del corazón». 18. «Somos llamados a ir más allá de los límites de nuestras comunidades cerradas, a trascender los prejuicios, las dudas, y testimoniar a Cristo resucitado, en la medida de nuestras posibilidades, para salir al encuentro del hombre contemporáneo y los problemas acuciantes que se le plantean. No se trata de confundirse con el mundo, sino de ayudarlo a orientarse (...), para que cada ser humano pueda alcanzar la libertad y la dignidad.» (Monseñor Anastasios, de Tirana, primado de la Iglesia ortodoxa de Albania.) 19. El aislamiento lleva a perder los ánimos y no permite el desarrollo de los dones de cada uno. Para que se apoyen los unos a los otros, desde hace años proponemos a los jóvenes participar en una « peregrinación de confianza a través de la tierra ». Esto les permite descubrirse unidos a tantos jóvenes por una misma búsqueda de Dios, por una misma esperanza, y por compromisos complementarios. Y esto, sin crear un movimiento organizado entorno a nuestra comunidad de Taizé. 20. En las pruebas de nuestra vida, nos damos cuenta poco a poco de que la fuente de una alegría no está ni en los dones prestigiosos, ni en las grandes facilidades, sino en el humilde don de sí mismo, para comprender a los demás con la bondad del corazón. Una alegría nos está esperando siempre que en nuestras vidas la sencillez se une a la bondad del corazón. Mensajes enviados a Taizé con ocasión del 25 Encuentro de Jóvenes en París El Papa Juan Pablo II Al Hermano Roger, de Taizé Querido hermano, desde hace ya veinticinco, la Comunidad de Taizé organiza cada año una etapa de la «peregrinación de confianza a través de la tierra»; ésta propone a los jóvenes cristianos europeos, pero también de otros continentes, hacer juntos una experiencia fuerte de fe y de fraternidad, respondiendo así a la llamada de Cristo, que quiere comunicar su gozo a los jóvenes, revelarles su rostro y su presencia, y ayudarles a hacer de su vida una hermosa marcha hacia el Padre, de modo que puedan desarrollar sus talentos y comprometerse, allí donde viven, al servicio de sus hermanos. El Papa saluda cordialmente a los que han respondido a vuestra invitación y que se encuentran este año en París y en las diócesis de Ile-de-France, asegurándoles su oración ferviente Este encuentro es un signo de esperanza para nuestro mundo. Manifiesta que la juventud de hoy tiene sed de verdad, de felicidad, de belleza y de absoluto, y que busca dar un sentido a su vida. El Santo Padre invita a los jóvenes a retornar a Cristo, quien tiene confianza en ellos y que les quiere ayudar en la ruta de la existencia; Que se dejen guiar por el Espíritu Santo, para que todas sus decisiones sean conformes a su ser profundo, creado a imagen de Dios y a su semejanza. Hijos de Dios y hermanos de Jesús, son llamados a vivir del amor que ha sido puesto en su corazón. Así, descubrirán la grandeza y la belleza de su vida, de toda vida, la alegría que hay en darse al realizar la vocación humana y cristiana, al anunciar el evangelio con toda su existencia y al participar en la edificación de la sociedad. El Papa les anima a retornar sin cesar a la fuente de todo don, a Cristo mismo, en quien encontrarán la fuerza necesaria para su misión cotidiana. En una oración regular, en la lectura asidua de la Escritura, por una vida sacramental fuerte, los jóvenes encontrarán a Cristo, que les mostrará el rostro del amor bondadoso del Padre y les manifestará su presencia a lo largo de toda su vida. Como el profeta Jeremías (Jr 1,11), tendrán los ojos abiertos para ver el nuevo amanecer, la esperanza en un futuro de justicia y paz, de amor y reconciliación, don de Dios para nuestra tierra, a cuyo desarrollo cada uno debe aportar su contribución. Por la intercesión de Nuestra Señora, de santa Genoveva y san Dionisio, el Papa pide a Dios que bendiga a los jóvenes que toman parte en el encuentro, a la Comunidad de Taizé y a todas las personas que han preparado y animan el encuentro, así como las diócesis, las parroquias y las familias que acogen a los participantes. El Secretario General de las Naciones Unidas: Sr. Kofi Annan Queridos amigos de Taizé y jóvenes del mundo entero, es con gran placer que os dirijo a todos mis más calurosos saludos con ocasión de este vigésimo quinto encuentro europeo de jóvenes organizado a iniciativa de la comunidad de Taizé. Me alegro de que hayáis venido, como cada año, por miles, de toda Europa y de otros continentes, para partir juntos a descubrir signos de esperanza y a reflexionar en las fuentes de vuestra fe y en vuestro compromiso en la sociedad. En este mundo en el que a veces parece que la intolerancia gana terreno cada día, vuestro encuentro ofrece un mensaje fuerte de tolerancia y de solidaridad. ¡Que la fe que os une os ayude a llevar este mensaje más allá de vuestra comunidad! Hay en el mundo tantos jóvenes privados de perspectivas de futuro. Para ellos, cada día es una dura batalla contra el hambre, la enfermedad, la miseria. Son numerosos los que viven en regiones donde son rehenes de conflictos armados. Debemos hacer todo lo posible para darles esperanza y cada uno de nosotros tiene un papel que jugar. Es en este espíritu que os deseo un encuentro fructuoso. Todos mis votos os acompañan para esta nueva etapa de la «peregrinación de confianza a través de la tierra». El Patriarca Bartolomé de Constantinopla Estad alegres por la ocasión que se os ha dado de compartir entre vosotros y con ese trabajador infatigable del evangelio y amigo de la juventud, Hermano Roger, y con sus hermanos. Orad sin cesar por él, por nosotros, por cada uno de vosotros. Orad también por la unidad de la Iglesia y por la reconciliación de los hombres con Dios y entre ellos. Orad por la paz del mundo entero, un mundo de nuevo en peligro. Orad para salvaguardar la naturaleza, dañada por la avidez y la irresponsabilidad del hombre. Dad gracias a Dios así como a vuestros padres que os han dado la vida. La Iglesia bendice el trabajo humano y el progreso que nos ayudan a conocer mejor las maravillas del mundo, que el amor de Dios ha creado para el hombre. Dios da a los jóvenes hoy oportunidades extraordinarias para que se conviertan en sus cooperadores con el fin de mejorar la calidad de vida y de asegurar el progreso de la sociedad, para que reinen la justicia, la dulzura, la tolerancia, la fraternidad y la solidaridad. Os bendecimos paternalmente y os deseamos que el nuevo año sea para vosotros una bendición de Dios. El Patriarca Alejo II de Moscú Saludo cordialmente a los jóvenes que se han reunido para el 25e encuentro europeo en Paris. Hoy, cuando las fuerzas del mal amenazan a los pueblos del mundo entero, sembrando el odio y la muerte, tenemos la necesidad de reunirnos para la reconciliación entre los que pertenecen a diferentes culturas y confesiones. Habéis sido llamados a compartir la responsabilidad común en vistas a reforzar la justicia, la concordia y el respeto mutuo. Ante el desafío del odio y la violencia, es necesario responder con el espíritu de la dulzura y el amor, esforzándose en exhortar a los que están cegados por la crueldad. Si no nos unimos entorno a Cristo, no podemos resistir al espíritu de este mundo, al individualismo, al consumismo, a las divisiones y conflictos. Para vencer el mal, depende de nosotros transfigurar el mundo contemporáneo por la verdad de el Evangelio, depende de nosotros seguir a Cristo. Os deseo que avancéis sobre este camino recordándoos que «vuestro trabajo no es vano en el Señor» (1 Cor 15,58). Que la luz de la esperanza cristiana ilumine vuestros jóvenes corazones en la búsqueda de la unidad y de la colaboración de los cristianos de Europa y del mundo entero. Carta del Comité Ejecutivo de la Federación Española de Entidades Islámicas al Embajador de Arabia Saudí Bismi lahi ar Rahmani ar Rahim Excmo. Sr. Embajador de Arabia Saudí Como Su Excelencia sabe, el Islam es una religión profundamente comprometida con los derechos humanos, la dignidad y el bienestar del ser humano desde su aparición. Desde hace siglos, el Islam ha concedido una serie de derechos inalienables a mujeres y hombres -como el derecho de la mujer a ser propietaria de sus propios bienes sin la intervención del marido, el divorcio, la planificación familiar y muchos otros- que le han situado muy por delante de cualquier otra religión o doctrina. Todos los juicios que se realizan en el Islam sobre la conducta del ser humano son atemperados por la necesaria misericordia. El Sagrado Corán dice, refiriéndose al Profeta Muhammad (SAW): "Os ha venido un enviado salido de vosotros. Le duele que sufráis, anhela vuestro bien. Con los creyentes es manso, misericordioso" (9:128). Otra aleya dice con respecto a los seguidores del Profeta Isa (Jesús) (AS): "Pusimos en los corazones de los que le siguieron mansedumbre, misericordia y monacato". (57:27). Numerosos hadices del Profeta Muhammad (AS) muestran también su actitud de misericordia para con aquéllos que cometían una acción punible o error. Son asimismo numerosos los sabios islámicos en todo el mundo que señalan que no existe ninguna constancia de que tras la revelación de la aleya coránica 24:2, el Profeta Muhammad ordenara ningún tipo de castigo por lapidación. El contenido de esta aleya supuso un cambio significativo en lo que respecta a la actitud y las penas que venían aplicándose en Arabia en los tiempos precedentes, tanto en la época pre islámica como en los primeros momentos de la difusión del mensaje islámico por parte del Profeta Muhammad (SAW). Desgraciadamente, algunas personalidades islámicas -que no fueron el Profeta Muhammad (SAW) ni Abu Bakr as Sidiq- establecieron una diferenciación arbitraria en el término zanii, que llevaron a limitar la aplicación de la aleya coránica 24:2 a los solteros, manteniendo la pena de lapidación a los casados. Creemos que esta interpretación no sólo no se sostiene, sino que ha servido para dañar la imagen del Islam, presentando a éste justo como lo contrario de lo que en realidad es: una religión avanzada que tiene entre sus caracteres principales la defensa de la dignidad y los derechos humanos y la aplicación de la misericordia a cualquier juicio o decisión. Por todo ello, desde la Federación le solicitamos que haga llegar a las autoridades de su país nuestra petición para que la pena de la lapidación sea eliminada del ordenamiento jurídico del Reino de Arabia Saudí, al igual que acaba de suceder en Irán. Creemos que un paso semejante ayudaría a millones de personas a comprender la naturaleza real del Islam y sería también un revés importante para los enemigos del Islam y su campaña continuada de calumnias contra nuestra noble religión. Sin otro particular, le agradecemos su amable atención. Un cordial saludo As Salamu Alaikum wa Rahmatul lahi wa Barakatuh Comité Ejecutivo Federación Española de Entidades Religiosas Islámicas
Cada año, a finales de enero celebramos la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Este año, el tema "Este tesoro lo llevamos en vasijas de barro" fue elegido y elaborado por un grupo interconfesional de la República Argentina. El contenido de las reflexiones que se hacen en torno al texto de san Pablo, reflejan en buena medida la situación de las iglesias del mundo occidental: pecados, errores, infidelidades en todos los ámbitos eclesiales -somos la vasija de barro- son una realidad que no debe impedirnos reconocer que, a pesar de todas nuestras miserias, somos portadores del mayor tesoro que existe: la palabra salvadora de Dios.
La división de las comunidades cristianas sigue siendo una piedra de escándalo ante un mundo donde la increencia es el elemento básico que podría definir espiritualmente a nuestra sociedad. Si, como cristianos, no somos capaces de dar un testimonio común y unánime de fe en Cristo salvador, es bien difícil que el mundo crea en la salvación que sólo Él puede ofrecernos.
ECUMENISMO EN LA ARCHIDIÓCESIS DE VALENCIA
Comisión Diocesana de Relaciones Interconfesionales
e interreligiosas
Decreto Unitatis Redintegratio 
(Traducida a 58 lenguas -incluidas 23 asiáticas-, esta carta, escrita por el hermano Roger de Taizé, ha sido publicada con ocasión del encuentro europeo de jóvenes de París. Será retomada y meditada durante el año 2003 en los encuentros de jóvenes que tendrán lugar en Taizé, semana tras semana, así como en otros lugares del mundo):
A pesar de eso, ¿no vemos surgir, incluso en las situaciones más problemáticas del mundo, algunos signos de una innegable esperanza?
¿Dónde está la fuente de esta esperanza? Está en Dios, que sólo puede amar
La confianza es una de las realidades más humildes y más simples que existen, y al mismo tiempo, una de las más fundamentales.
Amando en la confianza, podemos llegar a hacer felices a los que nos rodean, y permaneceremos en comunión con aquellos que nos han precedido y nos esperan en la eternidad de Dios.
Una paz sobre la tierra se prepara en la medida en que cada uno de nosotros se atreve a preguntarse: ¿estoy dispuesto a buscar una paz interior, para avanzar desinteresadamente? Incluso desprovisto, ¿puedo ser fermento de confianza allí donde vivo, con una comprensión hacia los otros que se ampliará siempre más?
Entonces llegamos a darnos cuenta que hemos sido creados para avanzar hacia un infinito, un absoluto. Y puede acontecer este descubrimiento: a menudo es en las situaciones exigentes donde el ser humano llega a ser plenamente
Os dirigimos la recomendación de San Pablo: «Estad siempre alegres, orad sin cesar, dad gracias en todas las circunstancias» (1 Tes 5,16-18).
Madrid.
A finales del mes de diciembre se ha dado a conocer el dictamen de la República Islámica de Irán aboliendo la pena de muerte por lapidación, hecho éste que ha sido saludado como un paso indudablemente positivo. Esta decisión fue el resultado no sólo de las presiones de la Unión Europea sino también de una activa campaña de varios parlamentarios iraníes que contó con la aprobación de un grupo importante de sabios y eruditos islámicos de aquel país.
"EL ECUMENISMO, como las mejores rosas en el jardin, debe cuidarse día a día"
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